5 de noviembre de 2008

LA MORFOLOGÍA DEL GUSTO

Aunado a que el gusto es una característica propia de los seres vivos, las preferencias o gustos son inherentes a la condición humana. Al hombre le afecta el gusto incluso antes de su nacimiento pues los padres ya piensan en el sexo que les gustaría tuviera el bebé y hasta el nombre. Los papás a veces se imaginan al hijo como un continuador de los propios gustos, predilecciones, hobbies y pasatiempos y les gustaría que de alguna forma, el futuro ser consiguiera la profesión, ocupación o logros que los papás nunca pudieron llegar a tener.

La familia, la escuela, los amigos, los compañeros de trabajo, vecinos, consejeros religiosos o hasta personajes famosos, influyen en la formación de nuestros gustos, los cuales a veces nacen con nosotros mismos, y otras se obtienen del medio social en el que nos desenvolvemos. La imitación juega un papel muy importante en ese sentido.

Para empezar podemos definir al gusto como un principio de elección que se divide en practicas (actividades) y propiedades (objetos) que determinan como somos o como quisiéramos ser y que nos hace sentir bien ante nosotros mismos o ante los demás.
Para que existan los gustos es necesario que haya bienes clasificados como de “buen” o “mal” gusto, o como “distinguidos” o “vulgares” entre otros criterios de jerarquización.

Ahora, la cosa (ente tangible o intangible) debe existir previamente antes que la elijamos pues no se desea lo que no se conoce. Aquí interviene de manera decisiva el gusto por productos (sean bienes o servicios) generados por productores cercanos a nuestra simpatía lo que permite la eficacia simbólica de la oferta y el deleite por su adquisición. Descubrir un cosa a nuestro gusto, significa descubrirse a si mismo, o descubrir lo que uno quisiera ser o donde uno quisiera estar. En ese sentido, el artista es un profesional de la metamorfosis o de la transformación, pues hace de la nada, de casi nada o de materia amorfa, una obra de arte. Él realiza de lo potencial o de lo inexistente en estética, un sentido práctico de lo hermoso, la realización de una obra bella.

La dirección negativa del gusto, es decir lo que no nos gusta, se manifiesta como rechazo o repulsión, en otras palabras en el cambio a una actividad que desvaloriza la elección del consumidor de acuerdo a una teoría del consumo. Existe la teoría pendular que afirma que las elecciones estarían sujetas a los vaivenes de la moda, por ejemplo todos necesitamos un abrigo, pero el color es optativo y surge de una elección racional que acompaña al satisfactor de la necesidad.

La identificación del consumidor con el creador del bien nos da la siguiente reflexión: hay bienes para todos los gustos aunque es probable que no haya gustos para todos los bienes. El creador de necesidades que más éxito tiene es el que logra llenar el vacío existente muy por encima de su competidor; el productor triunfante es aquel que es original y novedoso con su producto y que al final disfruta más gente, aunque no basta con buscar la diferencia para encontrarla, y a veces en un universo donde la mayoría busca la diferencia, basta con no buscarla para ser muy diferente.
La gente elige discriminando, pues no sabe lo que quiere pero sabe muy bien lo que no quiere. Es mucho más fácil decir lo que a uno no le gusta y por eliminación directa, deducir lo que sí nos gusta.

Los gustos se engendran en un sistema donde confluyen la oferta y la demanda o para ser más precisos entre objetos clasificados y esquemas de clasificación; otro criterio donde interviene la complacencia es la oposición: lo que les gusta a los jóvenes difícilmente les gusta a los viejos y viceversa, lo mismo pasa en la desigualdad de sexos. A veces los gustos nacen en los prejuicios sociales y los dominados se resisten a los dominantes, en una eterna pugna por establecer y hacer predominar los gustos propios. Pero aún en los grupos antagónicos existe la apropiación de bienes culturales ajenos que se van convirtiendo en propios de acuerdo a la escolaridad, formación profesional o incluso con la edad.

Otra característica de los gustos es la siguiente: la rareza del producto y la rareza del consumidor disminuyen en forma paralela, una muestra son los practicantes del fútbol que son mucho más numerosos que los practicantes del bádminton y van disminuyendo de acuerdo a la rareza del deporte.

Una elección siempre lleva implícita elecciones subyacentes, por ejemplo, elegir vivir en un tipo de sociedad, equivale a aceptar los gustos de esa sociedad: artefactos, ropa, cine, libros, música, vacaciones, practicas deportivas y otras formas, actividades y objetos que dejan conocer a nuestro gusto y que al mismo tiempo marcan la frontera con el gusto de los demás: “¡Ni muerta me dejaría ver con eso puesto!” dice una compradora rechazando un vestido que alguna otra persona elegiría por las mismas razones que la otra lo detesta. Un grupo humano para reafirmar su identidad inventa modas, mismas que permiten que sus integrantes sean acentuadamente distintos con respecto a los integrantes de otro grupo. Por eso es que el arte de comprar o de elegir, requiere de tanta deliberación, rechazar lo no propio, es un sistema de defensa para evitar la alineación en filas en las que no queremos estar porque no se nos antoja o simplemente por que no es de nuestro agrado o gusto.

Por ejemplo, a mi me gusta muchísimo el cine mexicano antiguo ese que es en blanco y negro, pero a mi familia y amigos, no. Y creo que mientras mas alejamiento tengan del cine de oro, más me siento priveligiado por ser de un gusto tan especial y ya casi o por muy poco, exclusivo.

Para terminar refiero parte de una canción que dice: ¡Ah como me gusta el gusto y al gusto le gusto yo y a quien no le guste el gusto, tampoco le gusto yo!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, desafortunadamente estamos en un país con este tipo de vida cotidiana, en donde la gran mayoría de las personas (mujeres) se rigen por un camino en el que la cabeza se baja ante los prejuicios anifeministas y la consideración a la obediencia que nos han inculcado nuestros antepasados. No hemos querido levantar la mano o la voz en la cual digamos somos nosotras o soy yo, por la monotonía de nuestra vida o por el según respeto al ¡hombre! Esto no es más que el reflejo de nuestra baja cultura que tenemos y que no permite que rescatemos ante la adversidad del machísmo y de nuestros dirigentes que quieren que sigamos siendo ciegas, YA BASTA no sigamos siendo manipuladas en lo que los demás quieren que seamos. No nos engañemos ante tal situación o sigamos el juego de esas personas:

Paola